domingo, 4 de abril de 2010

Sin Despedida

El amanecer: que bonito es,
que bonito, es ver el amanecer.
Quisiera compartir esa alegría,
como las aves al despuntar el día.
Lástima, es una lástima que yo no comparta esa alegría.
La triste noticia que esa mañana me llegaría,
créanlo, en verdad, ni a mi peor enemigo se lo desearía.
Yo no esperaba que ese ser tan querido por mi,
tan de pronto me abandonara,
sin dejar ni siquiera algún mensaje.
Ella sabía lo mucho que yo la amaba.
Mi deplorable estado, pensar no me dejaba.
Sentía en mi garganta ese óbice, ese impedimento,
que articular palabra alguna, no alcanzaba.
Mis ojos comprendían el dolor que sentía,
se me nublaba la vista por las lágrimas que derramaba.
No articulaba palabras,
parecía que también me había quedado mudo,
un enorme nudo atravesaba mi garganta.
Mis manos empezaron a temblar, yo quería contenerlas.
En mi mente empecé a blasfemar a todo, y a todos, por esa gran impotencia.
Le ruego a dios por su clemencia para que me pueda perdonar,
fue en un momento en que lo hice sin pensar.
Por que a esa hermosa dama, yo la quise mucho,
¡Yo la quería tanto! Que jamás la podré olvidar,
Yo sé que desde el cielo sus bendiciones me ha de mandar.
Adiós, triste mañana y perdona mi expresión,
saber que ya no veré a esa inolvidable dama,
me destroza el corazón.

El triste gusto que me queda es que la visitaré en el panteón.
¡No te nubles, triste mañana! Por favor,
déjame mirar al cielo para buscar ese amor.
¡Adiós madre querida! Jamás te voy a olvidar,
me dejas un vacío muy difícil de llenar.
De lo que estoy seguro es de que estás en el cielo,
desde ahí tus bendiciones me has de mandar.

Cuando la mente se propone algo
No hay poder humano, ni grandes muros que la detengan

No hay comentarios: